Grave: en las próximas cuatro semanas, se cancelarán 48 viajes marítimos de un total de 714 zarpes programados
El análisis realizado por Drewry revela que, en las próximas cuatro semanas, se cancelarán 48 viajes marítimos de un total de 714 zarpes programados
. Esto representa un 7% de las salidas totales, afectando principalmente las rutas Transpacífico, Transatlántico y Asia-Norte de Europa y Mediterráneo. A pesar de estas cancelaciones, se espera que el 93% de los buques inicien sus viajes según lo previsto, lo que refleja un esfuerzo por mantener la estabilidad en el sector.
Las cancelaciones se distribuyen de manera desigual entre las rutas. El 48% de las salidas afectadas corresponde al Transpacífico en dirección este, seguido por el 27% en el Transatlántico en dirección oeste y el 25% en Asia-Norte de Europa y Mediterráneo. Estas cifras destacan la importancia de una gestión eficaz de la capacidad para minimizar el impacto en las operaciones y en las tarifas de transporte.
En el caso de Chile, estas cancelaciones tienen un impacto significativo en la logística y el comercio exterior. Como país dependiente del transporte marítimo para la exportación de productos como cobre, frutas y vino, cualquier interrupción en las rutas marítimas puede generar retrasos en los envíos y aumentar los costos operativos. Además, los importadores chilenos podrían enfrentar dificultades para recibir insumos esenciales, lo que afectaría la producción local y la disponibilidad de productos en el mercado interno.
Drewry también señala que las cancelaciones de viajes en blanco han disminuido un 32%, pasando de 87 en marzo a 59 en abril. Este descenso refleja un ajuste en las estrategias de las navieras, que buscan equilibrar la cuota de mercado con la capacidad disponible. Sin embargo, las subidas de tarifas han sido pospuestas, y no se esperan incrementos significativos en el corto plazo.
En conclusión, aunque el sector enfrenta desafíos significativos, como las cancelaciones y las tensiones geopolíticas, las navieras están implementando medidas para adaptarse a las condiciones actuales. En el caso de Chile, la clave para mitigar estos impactos radica en una planificación logística proactiva y en la diversificación de rutas y mercados para reducir la dependencia de las rutas más afectadas.
. Esto representa un 7% de las salidas totales, afectando principalmente las rutas Transpacífico, Transatlántico y Asia-Norte de Europa y Mediterráneo. A pesar de estas cancelaciones, se espera que el 93% de los buques inicien sus viajes según lo previsto, lo que refleja un esfuerzo por mantener la estabilidad en el sector.
Las cancelaciones se distribuyen de manera desigual entre las rutas. El 48% de las salidas afectadas corresponde al Transpacífico en dirección este, seguido por el 27% en el Transatlántico en dirección oeste y el 25% en Asia-Norte de Europa y Mediterráneo. Estas cifras destacan la importancia de una gestión eficaz de la capacidad para minimizar el impacto en las operaciones y en las tarifas de transporte.
En el caso de Chile, estas cancelaciones tienen un impacto significativo en la logística y el comercio exterior. Como país dependiente del transporte marítimo para la exportación de productos como cobre, frutas y vino, cualquier interrupción en las rutas marítimas puede generar retrasos en los envíos y aumentar los costos operativos. Además, los importadores chilenos podrían enfrentar dificultades para recibir insumos esenciales, lo que afectaría la producción local y la disponibilidad de productos en el mercado interno.
Drewry también señala que las cancelaciones de viajes en blanco han disminuido un 32%, pasando de 87 en marzo a 59 en abril. Este descenso refleja un ajuste en las estrategias de las navieras, que buscan equilibrar la cuota de mercado con la capacidad disponible. Sin embargo, las subidas de tarifas han sido pospuestas, y no se esperan incrementos significativos en el corto plazo.
En conclusión, aunque el sector enfrenta desafíos significativos, como las cancelaciones y las tensiones geopolíticas, las navieras están implementando medidas para adaptarse a las condiciones actuales. En el caso de Chile, la clave para mitigar estos impactos radica en una planificación logística proactiva y en la diversificación de rutas y mercados para reducir la dependencia de las rutas más afectadas.